LA HOGUERA | HERÉTICO
PACO GÁMEZ
¿Alguna vez te has sentido como una "mala hierba" en tu entorno? ¿Cómo manejaste esa sensación?
Muchas veces. Cuando empecé a escribir, siendo actor, y conseguí reconocimientos pronto sentía que estaba entrando en un ámbito que no me pertenecía; en huerto ajeno. A veces pienso que haber desarrollado una carrera como dramaturgo, viniendo de otro contexto y sin un apoyo externo, es un fallo del sistema; a veces creo que las cosas que he conseguido han surgido de una forma inesperada y en un contexto donde no era invitado, como crece la mala hierba.
¿Puedes contarme sobre un momento en el que viste valor o potencial en algo que otros descartaron?
Yo estaba trabajando como actor en pequeños montajes, en el teatro Off y muchas veces haciendo obras que no me ilusionaban; sin saber muy bien por qué, empecé a escribir teatro, a inventar mis propias obras, sin tener una compañía que pudiese estrenarlas ni una productora que apostase por el trabajo; empecé a escribir por escribir como el que juega, sin sentido, sin expectativas, solamente como acto de rebeldía y para mi propia satisfacción.
Ahora, a veces, echo de menos, esa osadía en la forma de encarar el trabajo.
¿Qué opinas sobre la afirmación "No existe la mala hierba, solo plantas que no sabemos aprovechar"?
La mala hierba crece donde no se la espera y donde no se la desea, pero con una fuerza que puede arrasar con todo el cultivo; creo que el arte y la creación, a veces nos arrastra por caminos que no esperamos y a veces el resultado puede ser más potentey valioso de lo que queríamos cultivar.
Solo tenemos que encontrar la utilidad de esa plaga.
A veces no tiene utilidad como tal, pero tiene fuerza, o nos divierte, o nos cuestiona. Puede que es lo que nos parezca inútil para otros sea valioso.
¿Cómo te enfrentas al desprecio o la incomprensión hacia algo que valoras profundamente?
La aceptación en el campo del arte es una rara Avis.
Si lo que estás haciendo gusta a todo el mundo, hay algo raro, algo que no cuadra.
No por ello la no comprensión o el desprecio a nuestro trabajo deja de ser doloroso; pero creo que hay veces que tenemos que satisfacernos a nosotros mismos y no al entorno.
A veces pienso: ¿ por qué no entienden lo que intento contar?, Otras veces pienso: ¡que les den! Muchas veces la crítica habla más del que la hace que el que la recibe.
Y en ocasiones, en el mejor de los casos, algunas críticas pueden ayudarnos a avanzar.
Estoy de acuerdo. Muchas ideas o personas que parecen fuera de lugar son el verdadero motor del mundo.
¿Qué aspectos de ti mismo/a crees que los demás no entienden o aprecian?
Creo que mucha gente no valora el humor, o lo menosprecia dentro de la creación artística.
Mi obra es muy variante en cuanto a forma y temas, por lo que creo que es difícil etiquetarme como creador; y eso para mí es bueno, considero que soy versátil, pero el mercado necesita distinguir tu trabajo con una etiqueta evidente.
Ahora me repito muchas veces: “no soy un producto”.
¿De qué manera luchas por mantener tu equilibrio personal frente a las expectativas o normas sociales?
A veces lucho, a veces me preocupo por encajar, otras veces me desequilibro y caigo. Algunas veces tardo en levantarme. En ocasiones maldigo todo y en otras, pienso que todo es un juego, intento comprender las reglas y jugar mi partida.
¿Puedes compartir una experiencia en la que hayas aprovechado algo que otros consideraban inútil o sin valor?
Siempre es difícil saber si algo tiene valor o no lo tiene. Hay veces que yo sigo un impulso que otros no ven productivo y hay veces en las que yo dudo de mi trabajo y otros me empujan a continuar. Cuando escribí Inquilino, que trata sobre el abandono de un piso que tuve que dejar por una subida de alquiler, yo pensaba que quizá era una historia muy personal, que no interesaría al resto, pero mucha gente me animó a escribirla y ahora es mi texto más traducido y más representado dentro y fuera de España.
¿De qué manera has turbado e inquietado la mente y los sentidos en tu campo? ¿Alguien lo ha hecho contigo?
No sé, no lo tengo claro. Intento que cada obra tenga una voz propia y sacuda al espectador desde un lugar distinto: cuestionándose a sí mismo, intentando entender una situación, o agitándose emocionalmente por la historia que cuento. Mientras escribo siempre comparto el trabajo con la gente que me rodea, y ellos me animan o me sirven de frontón para testar lo que quiero experimentar con esa obra.